Perder para encontrar

Perder para encontrar

PERDER PARA ENCONTRAR

 

Hace dos años viví una experiencia que ninguna mamá quisiéramos ni debiéramos tener: perdí un bebé. Puedo decir que es una de esas cosas que piensas que es algo muy ajeno a ti, que nunca te va a pasar… y ha sido una de las experiencias más fuertes en mi vida.

 

Nunca voy a saber exactamente qué fue lo que pasó, y tal vez nunca entenderé con certeza la razón por la que sucedió, pero sacudió mi mundo y puso mi vida de cabeza.

 

Después de todo este tiempo, puedo decir que he logrado asimilarlo casi por completo; la mayoría de las veces cuando por alguna razón hablo al respecto (que por cierto es rarísimo) puedo mantener la calma, aunque otras veces no puedo contener una o varias lágrimas. Lo mismo pasa cuando me entero de alguien más a quien le pasó lo mismo, no puedo evitar sentir que se me revuelve el estómago y se me comprime el corazón…

 

Justo después de lo sucedido experimenté todos los sentimientos negativos  posibles:  tristeza, coraje, dolor, angustia y un largo etcétera. Llegué a tener miedo de embarazarme nuevamente y de lo que pasaría cuando este momento llegara: qué había hecho mal en el embarazo anterior? Que debo hacer o dejar de hacer? Y si me vuelve a pasar?

 

Poco a poco el dolor empezó a calmarse y mi alma volvió a sentir completa paz. Entendí que no podía centrar mis pensamientos ni sentimientos en ello pues tenía mucho que agradecer en mi vida: un esposo maravilloso siempre atento, siempre comprensible, siempre apoyándome en todo; un hijo increíblemente lindo, simpático, listo y platicador que llenan mi mundo; además de mis papás, hermanos, amigas y un sinfín de personas y bendiciones que me rodean.

Entonces entendí que tal vez era una experiencia que tenía que vivir para apreciar más lo que tengo, para darme cuenta de todo lo increíble a mi alrededor y para valorar cada segundo de vida, pues definitivamente todo puede cambiar en un instante.

 

Aprendí a disfrutar cada día con mi familia, a ser más fuerte en lo complicado, a buscar el lado positivo de las cosas, a perdonar más, a juzgar menos, a querer más. Y después de todo recibí mi recompensa: una bebé arcoíris que vino a completar nuestra familia, que cumple con todas las características de estos bebés; que llena de luz nuestras vidas, que siempre nos saca una sonrisa y que pinta de colores cualquier tormenta, por más fuerte y oscura que sea.

 

Tal vez no todas las mamás que pasamos por esto somos premiadas con la misma recompensa, pero estoy segura de que hay una razón poderosa por la cual somos elegidas para vivirlo; ojalá la pérdida (cualquiera que sea) nos ayude a encontrar siempre esa razón y la transformemos en fuerza para ser mejores personas día a día.

 

 

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