¿Valió la pena la espera?, Ana Sepúlveda

¿Valió la pena la espera?, Ana Sepúlveda

¿Valió la pena la espera?

Soy mamá de dos hijos, Lucila de 4 años y Patricio de 6 meses. Cada uno llego en el momento perfecto, pero el tiempo de espera fue largo y difícil. Siempre supe que el día que me quisiera embarazar necesitaría de algún tratamiento para lograrlo, ya que tengo endometriosis y ovarios poliquísticos.

La historia de Lucila empezó en un momento difícil de mi vida; después de varios meses de tratamiento para poder embarazarme, mi doctor detectó que tenía osteomielitis (infección en el hueso) en un dedo del pie. Tuve que interrumpir el tratamiento para tratar esta enfermedad debido a un catéter que tuvieron que colocarme en el pecho para darme antibiótico durante dos meses. Este tiempo fue un infierno; soy una persona muy activa y no podía hacer nada, todo giraba alrededor de esta enfermedad y tenía que posponer el embarazo.

Después de que me dieron de alta, los doctores me dijeron que ya podía empezar nuevamente el tratamiento para embarazarme. En ese momento de mi vida lo único que quería era todo menos empezar nuevamente con medicinas y decepciones. Fui al ginecólogo solo para ver cómo estaba y en ese momento, sin consultármelo, me dio las inyecciones y pastillas que necesitaba: ¡al primer intento estaba embarazada!

El día que me hice la prueba de embarazo y salió positiva, no lo podía creer, no entendía que fuera real. Mi esposo no estaba conmigo en ese momento, por lo que en cuanto llegué a mi casa, lo llame con tanta euforia que se asustó. Le dije: “¡estoy embarazada, mira la prueba!”. Su reacción fue de shock y me preguntó “¿estás segura?”. Ya me había hecho tres pruebas antes de decirle. En ese momento no podíamos ni hablar, no entendíamos qué estaba pasando y sentíamos millones de emociones diferentes.

El día que llegó Lucila a nuestras vidas fue increíble y empezó la gran aventura de ser papás por primera vez. Cuando Lucila cumplió un año regresamos con el ginecólogo para empezar nuevamente con esta historia. Me dieron las mismas medicinas e inyecciones para inducirme la ovulación, pero pasaron varios meses de intentos y todos fueron fallidos. Después probamos la inseminación artificial un par de veces y también falló. El doctor me mencionó que después de 4 intentos de inseminación, el siguiente paso era el embarazo in vitro. Cuando supe que esa era mi siguiente opción, sentí que se me caía el mundo; no estaba dentro de nuestros planes intentar el embarazo a través de esta opción.

Después de un año de varios intentos, el padre de mi esposo falleció. Él sufría de depresión y en una crisis decidió quitarse la vida. Nunca olvidaré ese día, ha sido la experiencia más fuerte de mi vida.  En cuanto al tema del embarazo, hablé con mi esposo y decidimos descansar un rato; es decir, posponerlo 6 meses y enfocarnos en este tema tan doloroso.

Al regresar, cambiamos de doctor, ya que necesitábamos alguien con ideas diferentes o que nos diera una nueva esperanza. Este nuevo doctor me volteó de cabeza haciéndome millones de estudios, de los cuales surgieron buenas y malas noticias, incluyendo la necesidad de operarme para limpiar mi endometriosis. Este proceso fue largo y con muchas decepciones, ya que no tuvo ningún final feliz, pero a diferencia de lo que viví con el otro doctor, esta vez me enfoqué en mí. Cambié toda mi alimentación, me volví súper sana, me dediqué a hacer ejercicio y entrenar para triatlones.

Después de más de un año, de manejar tan lejos a millones de citas, esperar muchas horas para que me revisaran, ir al otro lado de la cuidad a comprar mis medicinas y meterle a mi cuerpo millones de hormonas, el final llegó y no me pude embarazar. El siguiente paso era hacerme un in vitro. (Lo más increíble de esta historia es que hoy sé que tenía que pasar por todo este proceso para volver ser mama otra vez.)

Aprendí que siempre existe el tiempo y el momento para todo, que hay que tener paciencia y disfrutar lo que sí tenemos. Mi esposo necesitaba que lo acompañara en su duelo, así como yo necesitaba vivir el mío. Él no estaba listo para ser papa otra vez. Lucila mi hija necesitaba a una mamá, no una persona obsesionada por embarazarse.  ¡Hay que mirar y disfrutar lo que tienes en tu vida!

Está historia tiene una gran final. Al primer intento del in vitro, quedé embarazada de Patricio, mi hijo. El regalo más grande de todo lo que les acabo de platicar, fue la muestra de amor que tuve de parte de Carlos, mi esposo, de quien nunca hubo ningún reclamo, luchó hasta el final conmigo, me acompañó en todas mis locuras y decisiones durante el proceso y sobre todo, en vez de odiarme después de tantos años de hormonas, siento que ahora estamos más felices y enamorados que nunca.

Claro, también entra la muestra de amor de parte de mi familia, amigas, socia y terapeuta, que sin su cariño y acompañamiento jamás lo hubiéramos logrado.

 

Con mucho cariño,

 

Ana Sepúlveda

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