Duelo en la infancia, Psic. Regina Padilla

Duelo en la infancia, Psic. Regina Padilla

Duelo en la infancia

Por Mtra. Regina Padilla Castilla

Maestra en Psicoanálisis

 

 

A propósito de noviembre y el reciente temblor que dejo a miles con muchas y muy profundas pérdidas, creo que hablar de duelo cobra importancia.

 

Las pérdidas no solo se reducen a la muerte como comúnmente pensamos, las pérdidas que desencadenan un duelo van desde una enfermedad, cambio de domicilio, país, escuela, trabajo, la separación o divorcio de los padres hasta un pleito con los amigos, la muerte de una mascota, la perdida de algún objeto muy preciado, o la ruptura con un novio (a).

El duelo se define como el proceso que vive un ser humano para ajustarse o adaptarse a su vida después de una pérdida, y la forma en como enfrentamos el duelo como adultos tendrá un impacto importante en la forma en que el niño pueda vivirlo.

 

Casi todo en la vida conlleva un proceso de duelo, sobre todo si pensamos que los cambios implican en su mayoría pérdidas, la toma de decisiones que te obliga escoger algo para dejar otra cosa, incluso crecer, cumplir años, nos lleva a dejar muchas cosas atrás (energía, salud, flexibilidad).

 

Nuestro instinto de padres, nos lleva casi siempre a proteger a nuestros hijos de cualquier situación que los pueda hacer sufrir. Generalmente nuestra primera respuesta ante una pérdida tiene que ver con la negación o el remplazo inmediato de lo perdido, temiendo un drama que no seamos capaces de controlar: no llores, no pasa nada; si se muere la mascota, vamos a comprar otro perrito más lindo; si se pelean con el novio o con el amigo: ya vendrán más novios, más amigos, no vale la pena llorar, no vale la pena sufrir el/ella. Afirmaciones que lejos de ayudar, muchas veces frenan el cause natural de las penas, o las tristezas, o peor aún, hacen que el niño o adolescente se sienta poco entendido, poco escuchado.

 

Una cosa es ayudarlos a reponerse y a enseñarles a dar la vuelta a la página, pero otra muy distinta es tratar de negar que cuando perdemos algo, nos duele, nos pone tristes y nos hace llorar. La única forma de lograr un duelo sano, es como lo explico la Dra. Elizabeth Kubler Ross (Sobre la muerte y los moribundos, 1969), vivir las etapas del duelo, hacer catarsis y compartirlo con la gente más cercana. Hoy vivimos en una sociedad en la que casi todo es desechable, y donde es más común vivir las penas en silencio que vivirlas en compañía.

 

Generalmente cuando los adultos vivimos una pena, tendemos a guardarla y esconderla de los niños, decimos frases como “tienes que ser fuerte”, o “que no te vean llorar”; y aquí es cuando a través de nuestro actuar les enseñamos a nuestros hijos a vivir las tristezas: ya sea cada quien en la soledad de su cuarto o todos juntos en familia, y en un clima en el que se pueda hablar de las cosas. Creo que aquí podemos utilizar el famoso dicho, “ni tanto que queme al Santo, ni tanto que no lo alumbre”, no nos vamos a tirar todo el día a llorar, pero tampoco se trata de sufrir en silencio.

 

No acostumbramos llevar a los niños a los funerales, ni les contamos la verdad sobre el cáncer, sobre los terremotos o sobre los secuestros. No quiero ser cruda, pero creo que es importante que los niños, siempre a su nivel y siempre acorde a su edad, sepan la verdad sobre los eventos que han tocado su vida; una verdad que les permita integrar en su pequeño mundo la situación que viven y así permitirles una resolución sana del duelo. Hacer a nuestros niños parte de la realidad de nuestro mundo les dará herramientas para solucionar sus conflictos y resolver sus dificultades de forma independiente cuando papá o mamá no estén a su lado. Creo que es más el temor que tenemos como adultos de “no hacerlos sufrir” que la “inmadurez o poca capacidad” que un niño pueda tener para procesar esta información o para elaborar un duelo. Más de uno nos sorprendería con la simpleza de poder decir adiós, a lo que tanto nos resistimos a soltar.

 

La compañía, la sinceridad, el apoyo, y la apertura para hablar sobre las pérdidas sin duda son de vital importancia para poder sobrellevar un duelo, Sin embargo, un punto que no quiero dejar fuera, es el tema espiritual para poder entender lo que a veces la razón humana no nos puede explicar. Una muerte inesperada, un desastre natural o una tragedia a veces solo se entiende o explica cuando crees que lo que sucedió “fue por algo más”. Las creencias religiosas y la espiritualidad se convierten en una herramienta de afrontamiento que genera  sentimientos  de  esperanza, pertenencia y significado.

 

Sobrevivir un duelo sin efectos puede ser complicado, ojalá hubiera un manual perfecto para manejarlo, sin embargo, creo que solo el tiempo y la certeza de saberte rodeado de los tuyos nos llevarán a todos a sanar la herida. Ayúdalos a despedirse, no conviertas el tema en tabú, háblenlo en familia, llórenlo y vívanlo. Ten por seguro que algún día, que hoy talvez se ve muy lejano, dolerá mucho menos que aquel día.

 

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